7/12/07

Otra vez...



Una vez mas un muchachito le da un giro a la tuerca del dolor de los estadounidenses. Se trata ahora de Robert Hawkins de veinte años quien iba vestido con un chaleco y un corte de pelo militar y se puso a disparar al mejor estilo de un francotirador dentro de un centro comercial en la ciudad de Omaha, logrando dar muerte a ocho personas y dejando mal heridas a cinco mas. Luego se pegó un tiro. Dejó una nota en su casa hallada por su madre, en la que aseguraba que quería "morir con estilo", según señaló la cadena local de televisión "KETV".


¨ Aparte de su deseo manifiesto de morir con estilo, se desconocen otras motivaciones que llevaron al pistolero que fue hallado muerto por la policía en el tercer piso, a perpetrar el ataque.¨


Este año van dos hechos semejantes en centros comerciales. El primero ocurrió en febrero, en Salt Lake city, donde un chico, Sulejman Talovic de apenas 18 años, mató a cinco personas y como parece lógico, se mató también.


Este ocho de noviembre, los periódicos del mundo daban cuenta de otro muchachito estudiante, Pekka-Eric Auvinen, con rendimiento por encima del promedio, según el psicólogo del instituto Jokela en Helsinki, Finlandia. Con sus 18 años, se levantó en el salón de clases, mató de un disparo a la directora y luego se dio a la tarea de seguir matando a siete compañeros mas. El fue llevado grave a una clínica, pues se disparó en la cabeza; pero, falleció en el camino.


Este se tomó la molestia de hacer el video: Masacre en el instituto Jokela y colgarlo en you tube. Hizo otros más en que se definía a si mismo como un existencialista cínico, un humanista antihumano, un darwinista social antisocial, un idealista realista y un ateo endiosado.


A mediados de abril del presente año, un pequeño sur coreano, llamado Cho Seung Hui,( fotografías) penetró la seguridad de la ciudadela universitaria en Virginia y logró dar muerte a 32 personas y luego se alojó una bala en el cráneo. Cho solo contaba 22 años. Dejó fotografías y videos de odio en los que responsabilizaba a la sociedad de lo que estaba a punto de hacer.


¿Qué dicen los padres de estos muchachos? Pues, que nunca esperaron una cosa como esta. Que jamás vieron nada anormal en sus hijos. Que nunca vieron en ellos muestras de violencia. Son las palabras de padres que presumen conocer bien a sus hijos. Y todo esto ocurre en sociedades de jerarquía económica, social y cultural, donde los jóvenes tienen acceso a todo lo material y educativo que quieran y donde psicólogos y psiquiatras son la mano derecha de los padres en la crianza y formación de los hijos. Estos no son chicos de pandillas o de favelas de tercer mundo. No son gamines colombianos o huelepegas venezolanos.


Son muchachos ¨de bien¨ que están ahí para recordar a dichas sociedades cosas que no quieren saber de si mismas. Para dar a entender también a los estudiosos del comportamiento humano, a los expertos en mente, que no se requieren razones psiquiátricas para volverse un asesino.


Desde 1996 han muerto 269 niños y 253 adultos por tiroteos escolares en todo el mundo a manos de estos muchachos que resolvieron arreglar las cosas a punta de pistoletazos. Chicos que no tuvieron futuro y murieron tan pronto, que no les alcanzó el tiempo, ni siquiera para tener pasado.


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