
¨ Aquél hombre se acuesta temprano, pero, no puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda como una larva en su sábana. Como fuma, enciende un cigarro, lee un poco, vuelve a apagar la luz; pero, no puede dormirse. A las tres de la madrugada no ha pegado los ojos y se incorpora de la cama, despierta a su mujer y le confía que no puede dormir. Ella le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco; lo hace y cuando vuelve, ella le tiene lista una infusión de hojas de tilo y otras hierbas medicinales. Se toma el contenido de la taza, apaga la luz y se acuesta; pero, no da resultados y vuelve a levantarse.
Ya en la mañana, acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero, el hombre no se duerme. De regreso a casa se encierra en su cuarto, carga el tambor del revólver y se vuela la tapa de los sesos. El hombre ahora está muerto, pero, Lugo de un rato, se levanta muy decepcionado porque no ha podido quedarse dormido. Es que el insomnio es una cosa muy persistente ¨.
La Biblia contiene el relato de toda una nación que por cuarenta años no pudo hallar el reposo. Fueron cuarenta irremediables años de una trasnochada vida de desiertos y sobresaltos… ¿por qué? Por desobedientes, por quejumbrosos, porque tenían el corazón todavía en el viejo Egipto y en las ollas de carne y ensaladas de remolachas y espárragos… y Dios oyó sus ¨quejabanzas¨. (Números 14:28-29)
Un pueblo murmurador, jamás conoce el reposo. Israel murmuró de Dios, de sus líderes, de la comida que Dios daba en el desierto. El murmurar socava la paz con Dios, la comunión con los hermanos, aleja la bendición del cielo…La murmuración conoce muy bien su oficio de gusano. El desierto fue engordado con los cuerpos de los murmuradores que nunca hallaron reposo.
Dios da el sueño a sus amados. (Salmos 127:2) Esa es la clave para el reposo; tener un blando colchón o una cómoda habitación, no es garantía de poder descansar. El reposo verdadero lo da Dios. Cuando se descansa en Dios, se puede dormir tranquilo, aun, sabiendo que mañana hemos de enfrentar la prueba más dura. (Hechos. 12:6)
Descanse hoy en Dios, repose en sus promesas y hallará la tranquilidad para su alma.
Iván Castro Rodelo.

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